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Después de las bombas - Fernando Gutiérrez Almeira

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1- A mitad de camino Al partir había metas, futuro, el estómago bullendo con la satisfacción del desayuno. Los niños cantaban, mamá reía, papá se sentía orgulloso. Pero a medio camino la vida se acabó, el cielo se cubrió de sanguinolentas manchas de miedo y odio. La vida llegó a su fin y solo tuvieron tiempo para bajar del coche y mirar al este mientras la luz los consumía. Ya no queda nada de ellos. Solo queda la carcasa oxidada de su coche. No hay cantos para el camino, no hay ruedas girando como calesitas de esperanza. No hay vidrios y por el hueco de las ventanas pasa un viento rojo que hace reverberar el metal y ya no tiene pájaros ni hojas de otoño. No hay prisa en llegar. La carretera fue borrada por el polvo del olvido. 2- Abrazo Solo eran cuero y hueso. Tenían los ojos hundidos en las cuencas del cráneo, vacíos de expresión, y las manos alargadas y finas como las patas de una mosca muerta. Se enredaron en un abrazo desesperado, gélido, incapaces de darse c...

Aptitud matrimonial - Fernando Gutiérrez Almeira

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Era irremediable. Tenía que matarla. Pero fue todo un proceso en el que el odio y el cálculo se fueron fusionando en mi mente. Primero estuvo el día en que la vi sentada en esa cafetería escondida en el barrio Palermo. Es imposible saber por qué yo estaba ahí, justo ahí, esa tarde de junio cargada de llovizna. Pero ella había llegado a ese lugar con una razón clara: verlo a él, dejar que él le sostuviera la mano derecha con cariño mientras conversaban, mirarlo a los ojos y besarlo intensamente al despedirse. El detective privado me lanzó sobre la mesa un torbellino de fotos y me dijo que era Horacio Lindel, un compañero de trabajo que había intentado, inútilmente, entablar una amistad conmigo . No pude mirarlas con detenimiento, era demasiado. Se me nublaron los ojos, se me incendió una parte de la cabeza con un fuego invisible y la otra parte se me congeló en una nada mortecina, cadavérica. Era inaceptable pero yo había pagado para constatar lo inaceptable, lo casi imposible,...

Proteo - Fernando Gutiérrez Almeira

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1 “Nos hemos agotado”, pensó Atalamantis, mientras miraba el fondo del desfiladero. Luego envió su guardián mecánico a planear sobre el cauce del río. “Este es un planeta con gran desarrollo biológico. Una exquisita fuente de novedades. Sin embargo, no me escucharán, no lo querrán estudiar ni experimentar”. Después de colonizar 237 sistemas, la Comunidad había dejado de explorar. Lenta pero inexorablemente, todos los sistemas fueron abandonados hasta que la Comunidad completó el último paso en su retroceso estelar, recluyéndose en el planeta Madre. Atalamantis había nacido con el ansia extraña de no retroceder. Su núcleo vital tenía un inesperado destello de resistencia a la extinción. Pero, parado frente al desfiladero, la desesperanza lo ganó de pronto. El visor del guardián le transmitió imágenes llenas de frescura a su casco. Podía ver criaturas nadando con ritmo vibrante dentro del líquido cristalino y en los márgenes se levantaban coloridas aglomeraciones de vege...

Las Palabras - Fernando Gutiérrez Almeira

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Dedicado a María García Marichal 1-Mente inversa Su mente inversa traducía a símbolos cada color, cada aroma o sabor, cada forma, cada sonido. No escuchaba a las demás personas sino que las leía mientras hablaban. No veía la luna sino un relato incompleto de sus fases y cráteres.  Le costaba moverse por el mundo, pues el mundo era para él una abrumadora catarata de signos que a duras penas iba descifrando a medida que avanzaba. Su mano sosteniendo un vaso era una historia en dos capítulos con varios párrafos. Sus pies desarrollaban novelas enteras yendo y viniendo entre su casa, que era una enciclopedia entre otras, y el trabajo, que era una revista que cada día le aportaba un nuevo fascículo. Por eso encontraba la salvación en los libros. Para su mente inversa los libros no eran letras negras sobre un fondo blanco, eran universos pletóricos de colores, aromas, formas, sonidos, sabores. Podía ver en ellos rostros sonrientes o tristes o llenos de furia o avergonzado...