Después de las bombas - Fernando Gutiérrez Almeira

1- A mitad de camino

Al partir había metas, futuro, el estómago bullendo con la satisfacción del desayuno. Los niños cantaban, mamá reía, papá se sentía orgulloso. Pero a medio camino la vida se acabó, el cielo se cubrió de sanguinolentas manchas de miedo y odio. La vida llegó a su fin y solo tuvieron tiempo para bajar del coche y mirar al este mientras la luz los consumía.

Ya no queda nada de ellos. Solo queda la carcasa oxidada de su coche. No hay cantos para el camino, no hay ruedas girando como calesitas de esperanza. No hay vidrios y por el hueco de las ventanas pasa un viento rojo que hace reverberar el metal y ya no tiene pájaros ni hojas de otoño. No hay prisa en llegar. La carretera fue borrada por el polvo del olvido.

2- Abrazo

Solo eran cuero y hueso. Tenían los ojos hundidos en las cuencas del cráneo, vacíos de expresión, y las manos alargadas y finas como las patas de una mosca muerta. Se enredaron en un abrazo desesperado, gélido, incapaces de darse calor el uno al otro, carentes ya de toda sensibilidad en la piel, cubierta de cicatrices y pústulas. Nada los protegía, ni siquiera ese vano intento de aferrarse el uno al otro.

 Ella hundió el rostro contra el hombro descarnado de él mientras él resignaba la frente, sintiendo que pronto iba a morir. Estaban rotos para siempre pero se amaban, con un amor hecho de cenicientos recuerdos y sueños calcinados. El ocaso de la existencia humana los acunó. Luego vino la oscuridad y se impuso el silencio.

3- Al cerrar los ojos

Agonizaba, sosteniéndose las tripas, evitando que escaparan por la hendija. Detrás de un muro chamuscado aún se atrevía a respirar. No podía pensar en nada, ni siquiera quería comprender. Podía escuchar algunos gritos pero el resto solo eran susurros lejanos de cuerpos cuyas pieles colgaban como trapos sucios.

Un gran agujero abierto en la pared, justo frente a él, lo dejaba observar un trozo de cielo. Todavía no se había opacado con las nubes del horror. Veía estrellas y una luna plateada flotando en medio de ellas, serena, limpia. Creyó ver, también, la silueta de unas aves negras volando alto, libres, hermosas. Intentó volar con ellas, usando la imaginación. Voló, voló, hasta que la agonía le cerró los ojos.

4- Devorador

Hemos destruido todo, también a nosotros mismos, y ahora ascendemos por la colina, despojados de carne y espíritu. No ha quedado nada puro alzándose hacia lo alto. Todo demolido, por fuera y por dentro. Nos agolpamos con olor a podredumbre mientras ascendemos trabajosamente hacia la boca del devorador.

El demonio ha venido de lo profundo para reclamar su paga. Ansía masticar nuestros despojos antes de que sean una inútil carroña. Lo alimentamos, nos volcamos como lava de derrota en su vientre oscuro. Este revoltijo aún vivo que ahora somos se vuelve poco a poco un amasijo de vísceras infinitamente mezcladas, de rostros macerados unos contra otros hasta perder la identidad. ¡Que no quede nada de lo que somos, que el sufrimiento nos triture, que el devorador nos digiera!

5- Ceguera

Te arrastras de las ruinas al desierto, de la agonía a la nada. Te arrastras, pobre pellejo apenas sostenido por esqueléticos apéndices. La venda sobre tus ojos ciegos es inútil. La sangre la penetra haciéndola exudar. Es una bandera roja de miseria sobre tu rostro desgarrado. ¿Adónde vas si no hay adónde ir? Pronto caerás muerto, triste esperpento sin futuro. Vas a ciegas, pero ves claro que no hay salvación, que el horror lo llevas pegado al lomo como una negra gangrena. ¿Por qué no vuelves y te inmolas en las hogueras aún encendidas de la destrucción? ¿Prefieres una agonía lenta en el desierto o quisieras arder en una flama para dejar en un alarido lo que queda de tu alma?

6- Entre las llamas

Algunos de tan frágiles y tan cercanos al núcleo del desastre se evaporaron en el aire, dejando solo un soplo de cenizas. Otros se derritieron mientras burbujeaba la sangre en sus heridas. Otros duraron más, ardiendo por dentro hasta no ser más que una bolsa de piel que retenía un amasijo de huesos. Algunos desdichados daban vueltas sin rumbo hasta que caían muertos sin labios y sin ojos. Otros luchaban con escombros, hasta tener las uñas ensangrentadas, en pos de los gritos de un ser querido. Hubo algunos que, atrapados en un súbito delirio y aún con ropas sobre la carne floja, creyeron que podían volver a casa, llegar hasta la puerta y meter la llave en la cerradura para descansar de un largo día de trabajo.

7- Sin escape

Los refugios nunca fueron realmente refugios. Fueron prisiones, ataúdes compactos. Lugares donde la locura tomó formas inesperadas, donde la guerra siguió su curso con detalladas torturas. Habían sido dioses con derecho a talar bosques enteros y ahora se destrozaban mutuamente en rincones mal iluminados por luces mortecinas, como ratas atrapadas en laberintos de ciencia malsana. No escaparon de la guerra, sino que se la llevaron consigo a los sótanos del infierno. Nunca nadie volvió a la superficie. Cuando las nubes venenosas se disiparon, las plantas volvieron a tupir la tierra y el agua volvió a correr cristalina,  sus voces, sus pasos y sus necedades ya no estaban.

8- Mariposa de papel

La onda expansiva deshizo el edificio de la biblioteca. Los libros se esparcieron lejos, muy lejos, revoloteando en el aire antes de caer entre los cascotes, los peluches descabezados, los platos y vasos pulverizados, las camas tiradas bocabajo, los celulares chamuscados y miles, miles de otros objetos carentes ya de cometido. Sobre un blando y tiznado bulto de ropa caída del interior de un ropero hecho añicos, quedó un libro de hojas amarillentas, abierto como si fuera una mariposa a punto de tomar vuelo. Nadie volvió a leerlo. Las lluvias tóxicas y el sol turbio lo fueron borroneando hasta la última frase y la última hoja, incluyendo aquella en la que decía lo siguiente: «A nadie le importaría, ni al pájaro ni al árbol, si la humanidad desapareciera por completo».

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las Palabras - Fernando Gutiérrez Almeira

Siete Ataúdes - Fernando Gutiérrez Almeira