Vuela - Fernando Gutiérrez Almeira

Vuela. Se eleva como un ave majestuosa y extiende sus alas en el cielo. El viento acaricia su plumaje y acompasa su vuelo. A veces su impulso es suave y elegante pero otras turbulento y tempestuoso. Atraviesa paisajes luminosos en los días claros y regiones cubiertas de tinieblas frías en los días oscuros. Puede elevarse sobre las montañas y las nubes hacia las regiones altas donde el aire es fino e irrespirable o sumergirse en las oscuridades cenagosas del corazón humano. Le es indiferente la fragilidad de la vida. A quienes intentan seguir su ritmo los lleva a lugares a los que nunca pensaron llegar y luego los hace caer en picado hacia los abismos del olvido. No importa cómo, pero siempre impone su avance, su continua fuga hacia adelante. Su viaje nunca termina. Su rumbo solo es el constante movimiento de lo que no tiene fin. Vuela, y todos los seres son pasajeros de su vuelo o tripulantes que se esfuerzan en servirlo como a un capitán que no escucha consejos o ilusos que intentan ponerse a la vera de su paso para observarlo y tomar registros sobre hojas que pronto se desintegran y desvanecen. Todo está sujeto a su vuelo y en él todo encuentra su destino. Solo esos seres de miradas hundidas y almas sobrias que aprecian lo que no puede ser retenido reconocen enteramente su belleza y perciben, dentro suyo, las estelas casi invisibles de felicidad que va dejando a su paso.

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