El baile de los cangrejos bajo la lluvia roja - Fernando Gutiérrez Almeira

1
El cielo se veía plomizo y lloviznaba apenas, pero ese gris tristón y esa llovizna insignificante que no valía la pena enfrentar con un paraguas, no alteraron mi habitual alegría de vivir. Salí de casa con una sonrisa en el rostro y mi sombrero de papel aluminio en la cabeza, listo para conquistar el día.
Caminé esquivando transeúntes distraídos y miradas anónimas. De repente, una paloma se lanzó hacia mí, se posó en mi hombro y me susurró al oído: "Los cangrejos bailan cuando la lluvia es roja".
Me detuve y la miré con incredulidad. "¿Qué diablos quieres decir con eso?" le pregunté. Pero ella solo se encogió de hombros y voló lejos. ¿Cómo era posible que se encogiera de hombros?
Sacudí la cabeza y seguí adelante, pero no pude quitarme de la mente las palabras de la paloma. ¿Qué significaban? ¿Había algún tipo de mensaje secreto en ellas?
Llegué a mi trabajo y comencé a realizar mis tareas diarias. Pero algo parecía estar mal. Cada vez que hablaba con mis compañeros, cruzaban conmigo miradas de extrañeza y tendían a alejarse. ¿Había algo en mi cara? ¿Había olvidado quitarme el sombrero de papel aluminio? Constaté que lo tenía puesto aún, pero dudé en quitármelo.
Finalmente, uno de ellos se acercó y me preguntó: "¿Qué has estado diciendo sobre los cangrejos?" Confundido, le pregunté de qué estaba hablando. "Alguien ha estado difundiendo un rumor sobre cangrejos que bailan bajo una lluvia roja y ya todos en la oficina están hablando de ello", me dijo. Y luego agregó: "Corren sospechas de que has sido tú el que ha iniciado el rumor". Lo dijo con un brillo hiriente en los ojos y solo pude contestar con el enmudecimiento que me causó el asombro.
Las palabras de la paloma habían sido difundidas de manera inexplicable en mi lugar de trabajo y habían creado una cadena de rumores que me habían puesto en el centro de atención disimulado de los demás. Me quité el sombrero de papel aluminio y suspiré. "No hay nada más peligroso que la insidia del lenguaje ambiguo", pensé para mí mismo, sintiéndome confundido y ligeramente absurdo.
2
Cuando llegué a casa todavía tenía la que parecía ser una irreparable sensación de haber sido el centro de un rumor insólito sobre cangrejos bailando bajo una lluvia roja. Me senté en mi sofá, cansado y dispuesto a olvidarme del asunto, y encendí la televisión para distraerme.
Pero incluso la televisión parecía haberse confabulado contra mí. En lugar de los programas habituales, sólo encontraba programas sobre cangrejos, lluvia y bailes. Y para colmo, en uno de ellos, un experto en crustáceos estaba explicando que cierta especie de cangrejos común en las islas del Pacífico solía bailar bajo la lluvia cuando esta toma un color rojo intenso bajo los efectos del sol atardecido y un fenómeno óptico llamado facetismo isocrónico océanico.
No pude creer lo que estaba escuchando. ¿Era posible que las palabras de la paloma fueran más que un simple absurdo? ¿Podía haber un atisbo de sensatez en ellas?
Decidí investigar más a fondo y pasé la noche buscando información en línea sobre el baile de los cangrejos. Finalmente, encontré el artículo publicado por el científico sobre los cangrejos bailadores, lo que confirmaba que no había sido testigo de una farsa televisiva realizada por un actor para un falso documental.
Me sentí aliviado al saber que no estaba completamente loco, pero al mismo tiempo me preguntaba por qué la paloma había decidido compartir esta información tan extraña conmigo y por qué luego de su encuentro conmigo todo a mi alrededor parecía girar en torno a sus palabras. ¿Qué otras verdades absurdas había por descubrir en el mundo?
3
Al otro día sucedió lo que tenía que suceder. Era sábado y yo estaba dando mi paseo matinal por el parque. El cielo comenzó a cambiar de color, las nubes se apiñaron y un fuerte viento empezó a soplar. De repente, me vi rodeado de rayos y golpeado por el estruendo que desataban.
Una figura apareció frente a mí. Era la misma paloma, pero esta vez tenía un tamaño gigantesco y parecía estar hablando en un idioma extraño. Para mi sorpresa, pude entenderla. "¡Eres el elegido!", dijo la paloma. "El universo está desequilibrado y solo tú puedes solucionarlo".
Estaba desconcertado, pero la paloma me explicó que su primera visita era una señal de que había una falla en el orden cósmico y que solo yo podía arreglarlo. Me explicó que la ambigüedad insidiosa del lenguaje utilizado por ella en ese primer encuentro era solo un pequeño indicio de una importante falla en el universo y que no había querido decir nada sobre cangrejos bailando bajo una lluvia roja, sino que la falla le había alterado el habla. Luego me dijo que había muchas más cosas que necesitaban ser corregidas aparte de los efectos desatados por su frase.
De repente, sentí una extraña energía que se acumulaba dentro de mí bajo el efecto de la enorme presencia de la paloma. Me transformé en un ser poderoso, capaz de controlar el universo. Podía hacer que los planetas se alinearan y las estrellas se movieran a mi antojo. Podía crear vida y destruirla. Era una intuición interior apenas, pero de algún modo comprendí que podía hacer realidad el poder que sentía.
Apenas empecé a palpar interiormente mi nuevo poder, sentí una gran inquietud. ¿La paloma me acababa de convertir en un dios? Y en ese caso, ¿podría manejar la responsabilidad que conlleva tener el control del universo? ¿Cometería un error al ejercer este poder?
La gigantesca criatura parecía saber lo que estaba pensando. "No te preocupes", dijo. "Todos dudamos de nosotros mismos al principio. Pero cuando te acostumbres a tu poder, verás que eres capaz de grandes cosas y te harás cargo de resolver la falla para que todo vuelva a su curso normal".
Y con eso, la paloma desapareció en un destello de luz. Miré alrededor y vi que la agitación del ambiente se aplacaba. Las nubes se esparcieron, los rayos cesaron y el viento se difuminó en una brisa suave. Sin embargo, la gente había desaparecido del parque, tal vez espantada por el fenómeno acaecido. ¿Habrían visto a la paloma como yo?
La dediqué bastante tiempo a reflexionar sobre lo que acababa de suceder. Sabía, de pronto, que mi vida había cambiado para siempre, y que había un largo camino por delante. Pero también sabía que tenía el poder para hacer lo que quisiera con mi vida y con el mundo, y eso era algo increíblemente liberador.
4
Al principio no estaba seguro de cómo utilizar mi nuevo poder. Traté de concentrarme y controlar una mínima parte del universo, aunque más no fuera que un vaso sobre la mesa o un tenedor, pero mis intentos eran en vano. Sin embargo, con el tiempo, empecé a notar cambios a mi alrededor. Las cosas comenzaron a moldearse a mi voluntad cuando lograba concentrarme lo suficiente.
Un día, mientras caminaba por la calle, hice un gesto con la mano y logré que todo en las cercanías se detuviera absolutamente. Las personas, los perros callejeros, incluso los destellos del sol en el aire quedaron inmóviles. Me di cuenta de que había adquirido el poder de controlar el tiempo y el espacio, aunque no sabía hasta qué punto.
Experimenté mi poder de diversas maneras, haciendo pequeños ajustes aquí y allá. Convertí algunos semáforos en arcoíris pasajeros, cambié el flujo del tráfico en algunos lugares, aunque lo dejé de hacer después de un lamentable choque entre dos camiones que por suerte no produjo muertes, e hice que las nubes formaran figuras divertidas en el cielo. Disfrutaba de mi nueva habilidad, pero empecé a preocuparme seriamente por las consecuencias de mis intervenciones. Se suponía que yo tenía que resolver la falla cósmica, no agravarla.
Tenía que hacerme cargo. No me lo había dicho, pero estimé que aquella paloma era la mensajera del mismísimo dios creador de este universo, el cual, envejecido y con un poco de artritis en las manos, necesitaba de mi ayuda para resolver su problema en base a mi más joven y decidido esfuerzo. Pero, ¿qué pasaría si cometiera un error sin escapatoria? ¿Y si accidentalmente creaba una anomalía irreparable en el universo aún más grave que la existente? ¿Estaría yo, un simple mortal casualmente dotado de poder divino, realmente listo para ejercerlo con responsabilidad alguna vez? Con estas dudas rondando mi cabeza, decidí que debía poner a prueba mis habilidades en mí mismo para enfrentar mi temor.
Así que, hice un gesto con la mano y, de repente, me encontré flotando en la inmensidad del espacio vacío sin necesidad de respirar. Fue un gran descubrimiento personal. Mi poder me permitía viajar a través del universo sin riesgos y no simplemente alterarlo.
Observé estrellas y planetas lejanos, y vi cosas que nunca antes había imaginado. Era increíblemente emocionante, pero también aterrador. Tenía una enorme responsabilidad en mis manos y parecía que todo era posible, hasta el baile de los cangrejos bajo una lluvia roja.
Finalmente, después de haber explorado y experimentado mi poder de desplazamiento incluso a nivel intergaláctico y haber desarrollado durante mis viajes otras capacidades no menos extasiantes, regresé a la Tierra y dejé de preguntarme si alguna vez podría estar verdaderamente preparado para asumir el papel de dios. Sonreí como nunca antes lo había hecho mientras volvía a colocarme mi viejo gorro de papel aluminio, y decidí en ese momento que lo mejor que podía hacer era tener la autoconfianza de un auténtico dios y divertirme a lo grande sin perder la cordura mientras cumplía mi tarea. Claro que no necesariamente abocado a mi responsabilidad todo el tiempo, pues de vez en cuando uno debe tomarse un descanso y flotar libremente en el espacio mientras les da nombre a constelaciones nunca vistas por ojos humanos.
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