Mi deber - Fernando Gutiérrez Almeira

Tengo que calcular la caída, preverme en la retirada, averiguar que parte de mi coraza quedará expuesta a los mediocres que rebanan trozos de misterio. Tengo que asesinar sus mentiras, cortarlas en pedacitos y alimentar con ellas a mis perros guardianes de tres cabezas. No dejaré que invadan mis zonas claras, donde con mucho cuidado he cultivado mi alquimia de amor y horror, de bendición y desgracia. Vienen reptando por las alcantarillas de sus proyectados egos, enardecidos en demostrar que existen, insistentes hasta el hartazgo en autoproclamarse delante de este infierno, un infierno que ellos mismos han tejido a partir del barro y la nada. Con un fuego de mil fuegos tengo que purificar mi camino, abrirme paso a machetazos, dilapidar golpes a diestra y siniestra, machacando rostros que sonríen plastificados y livianos, hechos de espuma floja y carisma de caramelo. Tengo que vencerme a mí mismo, forjarme en nebulosas de estrellas ya muertas, aliarme a un big bang que me renazca y me empine sobre el abismo hasta llegar al infinito que llevo adentro. Tengo que desenredarme de microbios que necesitan un caldo de cultivo. No vine al mundo para ser una pantomima de lo sagrado. Vine al mundo para que lo sagrado me aniquile o me deje seguir adelante, sin concesiones. No puedo mirar con una mirada torva y sucia, carente de filo y de pureza. Tengo que mirar de frente y no ceder ni un milímetro, dejando que los que anidan en la herida se vayan disolviendo como las babosas en una sal gloriosa. La vida no se alimentó del cosmos para parir un par de necedades sino para engendrar colapsadas urgencias de una totalidad capaz de consumir mundos enteros. Y yo le creo, le tengo fe, me voy con ella hacia adelante, atravesando la muerte y derramándome en euforias que no acaban. Soy un trillón de células que han planeado un destino que rebasa el pensamiento. No puedo traicionarme, tengo un compromiso hecho de órganos palpitantes y sangre que da vueltas y más vueltas, desenvolviendo una espiral sin nombre. No aceptaré ninguna convocatoria excepto la que se extiende desde la raíz de mis neuronas hasta el extremo doloroso de mis nervios. Me dilapido, me restauro, me elevo, me deshago para ser por completo. Y nunca me resigno.

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